Muro de Da Vinci, Muro de Silvia Lerín.


"Si observas algunos muros sucios de manchas o construidos con piedras dispares, 
te vas a inventar escenas, allí podrás ver la imagen de distintos paisajes, 
hermoseados con montañas, ríos, rocas, árboles, llanuras, grandes valles y colinas de todas clases.”

Leonardo Da Vinci, "Tratado de pintura"

En febrero de 2021, descubrí el arte muy oriental japonés en la exposición de Puxagallery: un gran círculo de verdes aturquesados con un borde dorado. La obra verde pesado sin brillo se ve como si fuera una pared de cobre oxidada, manchada y gastada por el tiempo, sin embargo, la pared nos transmite. Esta belleza encaja casualmente en la estética japonesa wabi y sabi, la estética adecuada para la solemnidad producida por la historia.

La artista es Silvia Lerín. Después de terminar Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, 1998, empezó su carrera como pintora, aunque trabaja también la instalación y la pintura mural. Aprovechando su residencia en la Casa de Velázquez en Madrid, donde residió, fui a visitarle. Cuando le indiqué lo de la estética japonesa, ella me respondió: “Las cosas gastadas son muy poéticas”.

En esta exposición, unas obras son pinturas sobre lienzo, madera o papel, además muestra grabados con técnica de Collagraph. Todas las obras producen la sensación de texturas de una plancha de cobre o bronce oxidada, pero ella quiso jugar con la percepción, porque expuso obra con collages y ensamblajes con cobre de verdad.

Desde su primera exposición individual en la galería La Nave, Valencia 2005, ha seguido realizando numerosas muestras hasta la actual tal como, por ejemplo, en 2009 en el CMAE de Avilés en Asturias, en 2008 y en 2011 en la galería Sophien-Edition en Berlín; en 2015, con título “Mind The Gap” en la galería Horizon, en Colera, Girona; en 2016 expone “IVY” en el espacio expositivo del Idea Store, en Londres. Finalmente, en 2021, inaugura la exposición “Copper Landscapes” en Puxagallery, Madrid y ya trabaja activamente en sus dos talleres en Valencia y Londres.

Ha obtenido numerosos premios como el primer premio en II Concurso de la Fundació Mainel en Valencia y el primer premio en el Concurso Nacional de Pintura de Castellón en el añ 2000. Y continúa siendo galardonada en otros certámenes con el primer premio, como en el XXIX Certamen Nacional de Pintura en Vila de Pego, en el Premio Arte No Morrazo del Concello de Cangas en Pontevedra y otros tantos. En el 2011 fue galardonada también con el Premio Nacional de XII Pintura Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y con el XLII Salón de Otoño Premio Ateneo y más recientemente recibió el Annex Collection Award en Reino Unido. Además, ha disfrutado de numerosas becas y residencias destacando la beca Pollock Krasner Foundation de Nueva York.

En la exposición había muchas obras interesantes, pero en este artículo sólo voy a concentrarme en la pintura “muro” de Silvia. Según manifiesta, a los nueve años ya quería ser pintora, de niña pintaba paisajes o bodegones, y cuando quiso darse cuenta, se había convertido en una pintora abstracta dialogando con la geometría. Pero, ¿esto es una expresión de paisaje?: “Sí, para mí, sí.”, responde.

La palabra “geometría” nos evoca un concepto muy matemático, pero su “geometría” es muy poética y orgánica. El círculo del “muro” grande nos da la sensación de ser la lente del catalejo. A través de la lente, nosotros observamos una parte de la naturaleza. Tal vez por eso el círculo es orgánico. Por cierto, nosotros hablamos del “paisaje”, pero el “muro” de su obra nos mostró el paisaje del fenómeno “fractal” como esencia de la naturaleza. Desde mi óptica no es pintora del paisaje, sino de la naturaleza, pues no aborda un paisaje concreto que haya descubierto: “Para mí, lo importante en mi arte es la “dualidad”, no literalmente enfrentamiento de dos cosas, sino necesidad de una para otra.”

Sin duda, en su obra hay “dualidad”: el papel y la textura como cobre, falso y verdad, nuevo y antiguo, natural y artificial y otras “dualidades”, pero no se enfrentan, interactúan para establecer la obra.

Da la sensación de que fuera una oriental nacida en España. Para la filosofía del taoísmo, el cosmos está hecho a través de la dualidad: masculino/femenino, luz/sombra, derecha/izquierda, muchas dualidades incluidas vida y muerte. No puede faltar ninguno de ellos. Para el mundo en calma, todas las dualidades tienen que funcionar para producir el equilibrio en el cosmos o en la naturaleza. La clave es el papel de balanza.

De repente, al contemplarla imaginé que la obra “muro de cobre oxidado” de Silvia Lerín es más accesible para los orientales que para los occidentales, aunque teniendo en cuenta su carrera brillante de galardones es evidente que los occidentales también aprecian su arte. Es probable que Leonardo también contemplase la esencia de la naturaleza a través del muro sucio.


Satoru Yamada. 2021

Independent art critic and AICA member