SILVIA LERÍN. HENDIDURAS (DOS ESCOLIOS)


ESCOLIO 1: MIRAR / PALPAR (Susana y los viejos)


El episodio bíblico de Susana sirvió a los pintores para reflexionar sobre el placer de mirar. Pero cuando Rembrandt abordó este tema lo presentó de un modo diferente. Sus viejos mirones apenas se adivinan borrosos entre la maleza, y la mujer, sorprendida en su intimidad, nos mira a nosotros que contemplamos el cuadro. Nosotros somos los voyeurs y lo que vemos no es una figura perfecta para el disfrute de la vista sino una piel carnosa que incita a palparla.


Silvia reduce las imágenes visibles a lo mínimo imprescindible: geometrías elementales, superficies planas que se traslapan con quiebros y giros dejando entre ellas oquedades, grietas, fondos que se arrinconan hacia los bordes. No quiere que nos detengamos en cuestiones anecdóticas sino que vayamos directamente a lo esencial: rugosidades de color, texturas, matices, veladuras, capas granuladas superpuestas. Son cuadros que reclaman una mirada sabia que toque, una mirada táctil que comprenda, una mirada que palpe.


ESCOLIO 2: CREAR / HACER (La metamorfosis de la materia)

En el debate renacentista sobre la supremacía de las artes Leonardo defendía la superioridad de la pintura porque exige el mínimo esfuerzo físico. Para él la creación artística era algo mental. Hegel situaba a la pintura en la cúspide de las artes junto con la poesía y la música, porque son capaces de transmitir las ideas con la mínima materia posible: color y sonido. Para él la creación artística era algo espiritual. Mondrian dictó por teléfono una composición para que otro la materializara. Para él la creación artística era algo formal.


Frente a estas idealizaciones del arte como un problema puramente formal, espiritual, mental, Silvia nos retrotrae a una fase anterior: crear una obra implica el esfuerzo de hacerla manipulando y transformando la materia. Su trabajo no se sustancia en líneas, trazos o manchas, sino que se realiza con hendiduras, rajas, empastes, rasguños. Su forma de crear presupone un esfuerzo físico, un pringarse, una actividad que poco a poco va alumbrando la obra apenas intuida mentalmente al inicio. Para ella, mostrar su obra significa enseñar ese proceso y, en consecuencia, enriquece sus exposiciones con murales hechos en las mismas salas.


Voy a hacerle una sugerencia. Debería estar rehaciendo su mural ininterrumpidamente durante todo el tiempo que dure su exposición. O, al menos, debería dejar constancia de su realización y no sólo de su resultado. Con un vídeo, por ejemplo. Así los visitantes dispondrían de algunas claves relevantes para entenderla como lo que es: una metamorfosis de la materia donde la obra se crea a la vez que se hace.


Juan Calduch.
Pedralba, Alicante, España. Otoño 2008
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