Silvia Lerin a 45º


Parece una coordenada parcial de navegación pero no estamos hablando de su ubicación en tierra o mar. Estamos hablando del giro de un lienzo cuadrado para convertirlo en un rombo. Una figura geométrica de una autora que trabaja siempre con formas geométricas básicas y extiende su investigación a todas las posibilidades que estas formas le pueden proporcionar.


Hasta ahora, hemos visto como la autora buscaba en sus obras un equilibrio dinámico construido con formas, colores y texturas que lograban una percepción emocional determinada. Pero su juego geométrico le empuja constantemente a buscar nuevas formas anímicas de expresión, a buscar nuevos equilibrios, nuevos movimientos y esa búsqueda, que en sus obras anteriores le impulsan a salirse del cuadro, han cuajado finalmente en un nuevo formato, en si mismo, inestable y dinámico y, por tanto, diferenciado emocionalmente de lo que hasta ahora nos ha presentado.


El rombo es en sí una forma perceptualmente muy inestable que mantiene un equilibrio efímero y requiere de un detallado estudio de las formas para lograr estabilizarlo a la percepción. Tenemos por tanto, un trabajo que se basa en el logro del equilibrio por las líneas y en el trabajo del volumen por las fracturas de los planos que aparecen dentro del rombo. El cuadrado o rectángulo, que hasta ahora ha utilizado esta artista, es una forma muy estable que hay que dinamizar a través de planos construidos con masas de color que producen una perspectiva ayudada por fracturas entre ellas y por líneas que desequilibren la estabilidad de la forma básica.


Estamos, pues, ante un nuevo, y yo diría que opuesto, proceso de experimentación, aunque los elementos del juego sean los mismos: planos, líneas, y masas de color.


Los juegos de equilibrio que aquí nos presenta son más complejos. Cada rombo tiene un color dominante: rojo, amarillo, verde y predominio del azul, su color fetiche. Y como es su costumbre, no son colores planos sino minuciosamente trabajados para lograr una gran gama de matices. Siguen, también, las fracturas de los planos y el uso de la perspectiva del color para lograr el efecto emocional que desea. Utiliza las verticales y las horizontales para equilibrar perceptualemnte el cuadro, pero ahora, para lograrlo necesita una mayor complejidad de las formas lineales. Si la obra, a veces, como en el caso de la pieza en verde, parece estar parada un segundo en su movimiento circular, apenas estabilizada por delgadas líneas azules en aspa apoyadas por dos masas, una negra superior y otra en forma de línea gruesa en tono muy claro, en otras esa sensación de parada momentánea de un movimiento continuo se esfuma gracias a la rotundidad y grosor de las líneas verticales o al mayor tamaño de los planos de color.


La constante necesidad de jugar con los tamaños, la pulsión de sus obras que le exigen expandirse fuera de sí mismas le ha llevado, también, a grandes formatos que ha resuelto construyendo murales "removibles". Es decir, cuadros parcialmente construidos que se pegan y se completan in situ extendiéndose por la pared, lo que significa un difícil proceso de montaje. En este caso nos presenta un gran mural en azul que atrae y envuelve la mirada del espectador introduciéndole en un mundo de tonos virtuales.


En cualquier caso el resultado final de todas estas obras es interesante pues la mayoría de ellas adquiere una gran estabilidad gracias al cuidadoso estudio perceptual de las formas. Un trabajo complejo construido con medios en apariencia tan simples como las masas de color, los planos, las líneas direccionales y la exacta medida de todo ello. Esta es la virtud de las obras de Silvia Lerín, construir una apriencia de simplicidad con un trabajo de difícil factura. Ars est celare artem decían los antiguos y eso es lo que hace esta artista construir obras de arte que esconden el artificio.


M.T.Beguiritain.
Vicepresidenta AICA
GO UP